Azúcar y sal en bebés y niños – Mamá por primera vez

Azúcar y sal en bebés y niños

¿Sientes que sus papillas son insípidas? Tu bebé no lo percibe así y es mejor que aprenda hábitos saludables a partir del sabor original de los alimentos.

Como mamás y papás, queremos que nuestros hijos tengan una alimentación más saludable, pero todo depende de los hábitos alimentarios que les inculquemos desde que inician con la ablactación a los 6 meses de edad, o sea, la introducción de los alimentos distintos a la leche.

La relación que el niño o la niña tiene con la comida depende, por completo, de la educación nutricional que se le brinde en casa y del ejemplo que vea en los adultos que conviven con él o ella. Por eso, como padres debemos estar muy conscientes de la calidad y la cantidad de alimentos que les ofrecemos a nuestros hijos, y también de lo que comemos frente a ellos, ya que son grandes imitadores y quieren ser como nosotros.

Si queremos inculcarles una alimentación saludable, lo mejor es hacerlo desde el principio. El momento crucial donde el bebé ingiere sus primeras comidas distintas a la leche debe estar libre de sal y azúcar. El motivo es muy sencillo: no los necesitan. Los alimentos que consumimos ya contienen la sal y el azúcar que nuestro organismo requiere, y no tenemos que añadir un extra.

El bebé desarrolla las papilas gustativas entre los 6 y 24 meses de edad. Poco a poco irá descubriendo si sus primeros acercamientos a los alimentos son deliciosos o simplemente aceptables o “pasables”, pero se trata de llevarle hacia unos hábitos alimentarios donde los protagonistas sean los alimentos naturales.

Cuando la ablactación inicia, tal vez el sabor de las primeras papillas del bebé no es muy agradable, pero no podemos acostumbrarle desde esa edad a añadir sal o azúcar para transformar por completo la sensación. Tu hijo o hija debe conocer el sabor original de los alimentos para no distorsionar su gusto por ellos, sobre todo el de las frutas y verduras.

Malos hábitos de moda

La producción creciente de alimentos industrializados y la evolución de los estilos de vida están modificando los hábitos alimentarios que inculcamos a nuestros bebés y niños. Los alimentos muy elaborados son de menor calidad, aunque más accesibles para todos y más prácticos a la hora de comerse. Por eso empiezan a ofrecerse más tempranamente a los niños, sin saber que pueden ser perjudiciales para su salud.

La población infantil está consumiendo cada vez más alimentos ricos en energía que contienen muchas grasas saturadas, ácidos grasos trans (presentes en los alimentos procesados y las frituras) y sobre todo azúcar y sal, que influyen en el desarrollo de muchas enfermedades que fomentan un crecimiento y desarrollo anormales.

Al mismo tiempo, al modificar sus hábitos alimentarios y hacerlos negativos, los niños consumen menos frutas, verduras y fibras (presentes en los cereales integrales), que son los elementos clave de una alimentación sana y una buena digestión, así como favorecedores de un buen crecimiento y desarrollo. Hoy en día, los especialistas nos alertan sobre la gran cantidad de sal y de azúcar que los niños están consumiendo en su vida diaria, y que supera, por mucho, las cantidades diarias recomendadas.

Por exceso de sal y azúcar

Ponerle sal a los platillos es una cuestión cultural más que gustativa, pues los alimentos naturales están diseñados para cumplir con los requerimientos de sabor al combinarlos. El riesgo de comer mucha sal tal vez no se hace muy evidente en la infancia, pero si queremos que nuestros niños se conviertan en adultos sanos, debemos empezar por elaborar comidas familiares con la mínima cantidad de sal.

Consumir demasiada sal se relaciona con:

  • Efectos en la presión arterial
  • Obesidad infantil, enfermedad crónica que conlleva el padecimiento de enfermedades cardiovasculares o del proceso mental
  • Problemas renales
  • Cáncer de estómago
  • Mayor predisposición a hipertensión arterial, osteoporosis, asma y otras patologías respiratorias

Por su parte, el exceso de azúcar en la dieta infantil puede traer problemas que afectan al metabolismo, el corazón, los dientes e incluso el rendimiento escolar del niño. Una ingesta excesiva de azúcar va de la mano de problemas como:

  • Obesidad infantil
  • Caries dental
  • Aumento del colesterol y los triglicéridos en la sangre
  • Mayor riesgo de padecer resistencia a la insulina o diabetes mellitus
  • Hipertensión arterial
  • Ansiedad, hiperactividad y depresión
  • Falta de concentración y, por lo tanto, bajo rendimiento escolar

¿Cuándo introducirlos a la dieta de los niños?

Para prevenir enfermedades, la propuesta más viable es evitar la sal y el azúcar en la alimentación de los bebés, y moderar su consumo durante toda la infancia:

  • La Organización Mundial de la Salud recomienda ajustar a cantidades mínimas la ingesta de sal y azúcar para los niños de 2 a 15 años de edad. Esta recomendación no comprende el periodo de lactancia natural exclusiva (de 0 a 6 meses), ni el de alimentación complementaria de la lactancia natural (de 6 a 24 meses).
  • Generalmente, toda la sal (sodio) y el azúcar debe obtenerse de los alimentos como verduras, comida preparada en casa, pan o tortilla de maíz.
  • Toda la sal que se consume debe ser yodada, es decir, “enriquecida” con yodo, lo cual es esencial para un desarrollo sano del cerebro del feto y del niño pequeño, así como para optimizar las funciones mentales en general.
  • Cuando el niño come de todo y lo mismo que los adultos (a partir de los 12 meses de edad aproximadamente), no hay problema en aderezar algunos platos con sal, ni en endulzar algunos postres, pero siempre con moderación.
  • Recordemos que esos extras de sal y azúcar que añadimos no son precisamente necesarios para nuestro organismo.

Para reducir el consumo de sal y azúcar

  • No agregues sal o azúcar durante la preparación de los alimentos, o modera su uso.
  • No pongas saleros o azucareras en la mesa.
  • Limita el consumo de tentempiés o colaciones dulces y saladas entre comidas fuertes.
  • Escoge productos hiposódicos (bajos en sal).
  • Elige alimentos sin azúcar y evita o modera el consumo de postres o golosinas.
  • Prefiere mejor las frutas o ensaladas naturales.

Como ocurre siempre que hablamos de inculcar hábitos a nuestros hijos, la mejor enseñanza es el ejemplo, por lo que debe ser nuestra prioridad para transmitirles el gusto por la alimentación saludable.

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