Bienvenidos al posparto – Mamá por primera vez

Bienvenidos al posparto

Muchas parejas toman un curso para el nacimiento, pero ¿quién los prepara para la llegada a casa con el recién nacido? Revisemos esta etapa con realismo y amor.

Un cuento de hadas es lo que esperamos de la llegada del bebé a casa, pues lo hemos aguardado con ilusión y toda clase de expectativas. Ese idilio de los anuncios publicitarios o las películas, donde nos muestran a la nueva mamá perfectamente peinada, con talla cero, manicure perfecto, sonrisa permanente y su casa de museo llena de visitas, es lo que todo el mundo desea fervientemente pero, para qué mentirte, no será así. No es que queramos espantarte, sino ser realistas.

En el parto cuentas con el personal médico a tu disposición, la nueva mamá es la reina que todos cuidan y el bebé es el centro de atención. ¿Y el papá del pequeño bebé? ¿Desayunó, durmió, pudo tomar un baño? Quizá él tiene a cuestas el pago del hospital, hacer las maletas para subirlas al auto, asegurarse de que mamá y bebé lleguen bien a casa, y una nueva responsabilidad cargada de emociones, sentimientos y temores que probablemente no se atreve a expresar.

Ahora son una familia de tres y llegan juntos por primera vez a casa. De entrada no saben ni dónde poner al bebé. Papá baja todo del auto y tú no le puedes ayudar. Así inicia una sensación de vulnerabilidad normal que puede llegar a ser incómoda para ti, ya que antes del nacimiento tenían toda la vida organizada y bajo control. Ya no es así temporalmente. El bebé no tiene palabra de honor, no hay horarios fijos de alimentación, hace cosas que no sabes si son normales o no, nada es predecible y controlable. Están experimentando un parteaguas radical en la vida.

Cuando el posparto no es lo que esperabas

Al charlar con otras mamás, seguro has escuchado que los bebés crecen muy rápido y no se dan cuenta de esta velocidad en el día a día. En el posparto, de pronto sientes que quieres a tu bebé muy dentro de tu ser y hasta deseas que no crezca. Un baile de sentimientos y hormonas te hacen sentir la mamá más feliz del mundo, pero a ratos te percibes estancada entre el cambio de pañal, las tomas de leche y el show de los primeros baños donde todo es ropa mojada y te das cuenta de que no puedes sola.

En momentos te consideras la más egoísta por anhelar un rato de descanso e ir al supermercado, aunque sea para romper esta rutina entre tu recámara y el cambiador de pañales. Todos te dicen que la lactancia es lo mejor para tu bebé y te preguntas si será lo mejor para tus nervios. A veces llegas a sentir que sólo sirves para darle de comer al bebé a todas horas. Te insisten en que amamantar es maravilloso, cuando por dentro sientes hinchazón en los senos y tus pezones están cansados del roce.

¿Y qué tal los consejos de amigos y familiares bienintencionados que a ti y a tu pareja los hacen sentir que no saben nada? Curioso, además, que algunos de esos amigos consejeros no han tenido hijos y sí, mientras recomiendan una y mil cosas, tú sólo deseas que se callen, se vayan de tu casa y dejen de visitarlos porque te implica atenderlos y, además, rompen la poca armonía que ustedes tres, como nueva familia, logran a ratos.

Tu compañero o esposo quiere hacer más por ti y no puede, ya que eres la única persona que tu bebé necesita para alimentarse. Y en lo que piensas en ello, llegan las visitas sin avisar. No, pues gracias por querer al bebé, pero no siempre son las más oportunas por su poca colaboración y sus comentarios poco empáticos, y porque tu pareja debe lidiar entre atender a los visitantes y a su familia. Sí, la situación es insoportable, pero tampoco alcanzan a externar sinceramente lo que están sintiendo para no ser malagradecidos con la gente que se interesa por ustedes.

Claro, cómo no, ahora están cansados hasta el límite, acostumbrados toda la vida a dormir por lo menos 6 o 7 horas seguidas y en el embarazo también, incluso en el último trimestre en el que descansaban con la ansiedad de que llegaran las famosas contracciones. Hoy en día, si bien les va, duermen 3 o 4 horas y no es un sueño profundo, ya que si el bebé se mueve tantito, ustedes despiertan como si sonara una alarma. Evidentemente les preocupa su integridad y necesitan revisar que esté bien, mirar con sus propios ojos que todo está bien con el bebé.

Debido al cansancio, viven en un estado de letargo continuo y sienten que no rinden, por ejemplo, tu esposo en el trabajo al que regresó a una semana o menos de que el bebé naciera. Y esta situación de regresar al trabajo te pone tensa y te hace sentir presión: “¿En serio voy a dejar a mi bebé pequeñito e indefenso para estar la mayor parte del día en la oficina?”. Te tenemos noticias: esta misma sensación y este mismo pensamiento te seguirá en adelante aunque tu hijo o hija sea más grande. Querrás protegerlo, tenga la edad que tenga. Esto se llama ser mamá, ser papá, ser padres.

Muy dentro de ti deseas tener ya una noche entera para dormir y vivir algo de romance con tu pareja. El médico te revisa a la semana del nacimiento del bebé y te cita para el final de la cuarentena, lo que sabes que, en parte, significa no tener sexo (o al menos coito).

Te prometo que todo cambiará, que cuando menos te des cuenta tu bebé dormirá más horas seguidas, que podrás tomar un baño más largo y placentero, que disfrutarás la comida caliente otra vez. ¿Cuándo sucederá? No hay una certeza para responderte.

¿Te imaginas cuando, al despertar, le den los buenos días al bebé y les regale su primera respuesta con un balbuceo o sonrisa? Todo el “calvario” anteriormente descrito lo mitigarás con sólo saber, en la consulta pediátrica, que el peso y la talla de tu bebé van muy bien. Al mes de vida, éste será tu gran premio.

Toda la recompensa a tan ardua etapa se verá más adelante con tu familia de pie y bien centrada en sus objetivos. Ver crecer a tu bebé ya de por sí es la medalla y la satisfacción, darte cuenta de que tiene tus ojos, los rizos y la forma de dormir de su papá, tantos aspectos y detalles de ambos, y hasta de los abuelos. Sólo con ver el crecimiento y los avances de tu bebé, el cansancio y los miedos se desvanecen, y el amor crece y crecerá cada día de forma incondicional, sin darte cuenta de cómo pasa el tiempo. El amor y la seguridad en ti como mamá irán creciendo. Sólo amor, cuestión de amor.

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