Tus emociones y el temperamento de tu bebé – Mamá por primera vez

Tus emociones y el temperamento de tu bebé

En el embarazo, la conexión con tu bebé es tan fuerte que aquello que sientes (y cómo lo sientes) tendrá un impacto en su personalidad y en la manera de relacionarse con otros. ¿Qué emociones te están moviendo?

Te dieron la noticia de que estás embarazada y muy probablemente desde ese momento empezaron a surgir muchas emociones. Traer una vida al mundo y a tu familia implica tantas cosas que seguramente la impresión ha sido enorme. Pero lo más significativo es que, desde esta etapa de espera, las emociones que se empiezan a generar en ti van dejando una huella fundamental en el temperamento de tu hijo, en su sistema de autorregulación e incluso en la forma en que establecerá relaciones con las demás personas. En resumen, las emociones de la mamá durante el embarazo (alegría, miedo, tristeza, enojo, desagrado, sorpresa) son reacciones psicofisiológicas que transmite directamente al bebé.

Si bien hay muchos más factores que influyen en lo que será el temperamento del nuevo ser que estás por traer al mundo (como la herencia genética), los primeros cimientos empiezan a formarse en el embarazo. Cuando la evolución de los eventos se lleva a cabo de una forma sana, cuando la madre es una persona regulada (es decir, que está consciente de su comportamiento y es capaz de controlarse o gobernarse), cuando la madre no tiene estresores (factores que causan estrés) en el embarazo, podríamos decir que el primer cimiento en el manejo de emociones del niño está siendo sólido, fuerte y sano.

En cambio, si una madre navega por un embarazo difícil, con emociones como ansiedad, ira y miedo, el bebé podría presentar ciertas conductas típicas a partir del nacimiento: problemas para dormir y comer, así como una gran dificultad para ser consolado y tranquilizarse por sí solo o con ayuda de otros. En estos casos, es común que los padres digan: “Juego con mi bebé y llora; trato de dormirlo y llora; no se deja cambiar el pañal; al darle de comer se enoja; lo pongo en la mecedora y grita. ¿Qué hago? ¡Estoy desesperada y no sé qué hacer!”. Es tu hijo, lo amas, pero se vuelve difícil entenderlo, calmarlo y guiarlo. El cansancio suele llegar con la frustración y la desesperación en los padres.

¿Qué es el temperamento?

  • Es la parte de la personalidad cuyo origen está en los factores hereditarios (genética) y congénitos (de la gestación o el embarazo), a diferencia del carácter que se va desarrollando con la experiencia y la voluntad.
  • Entonces, la personalidad es la combinación del temperamento y el carácter, y tiene que ver con una manera integral de ser y reaccionar ante las diversas circunstancias de la vida.

La huella del estrés

Si desde el inicio no se da una intervención apropiada a las reacciones y emociones del niño que ha estado sometido a mucho estrés y angustia, su capacidad de autorregularse se verá afectada. De no guiarlo desde los cimientos, para los 2 o 3 años de edad podría mostrar conductas desafiantes y retadoras. Ante un hijo difícil de manejar, los padres usan una disciplina punitiva llena de castigos, regaños, amenazas, gritos y hasta nalgadas.

La agresión que el niño recibe provoca que, con el tiempo, se vuelva agresivo o, por el contrario, a raíz del miedo puede situarse a sí mismo como una víctima pasiva. En corto, el cerebro del niño que se desarrolla en un marco de estrés espera en todo momento la agresión de los demás (mediante una actitud defensiva, miedosa y retraída), o bien, se muestra agresivo constantemente.

Ya sea que agredan o se retraigan, estos niños sufren dolor emocional, el cual está en los mismos caminos del cerebro que el dolor físico, así que molesta como si se lastimaran la cabeza o cualquier parte del cuerpo.

Responde con amor desde el día uno

La buena noticia es que puedes darles la vuelta a estas impresiones dolorosas a través de una respuesta adecuada a su estrés. Practica estas medidas para conectar con tu bebé desde que nazca y ayudarlo a autorregularse de la manera más positiva:

  1. Busca saciar su necesidad de ser visto

Los bebés necesitan atención para comprender lo que está pasando dentro de ellos y que se los digan. “Es difícil esperar, ¿verdad? Tienes hambre y quieres tu lechita”. Describirle esto a tu hijo, desde un estado interno de tranquilidad, tomándolo cerca de tu pecho y respirando profundamente (por él o como todavía no sabe hacerlo, a fin de descargarle tu estado positivo), es un paso firme y definitivo para enseñarle la autorregulación sana.

Entre más paciente y ecuánime seas con tu pequeño, más tranquilo y paciente se irá volviendo. Sí, es difícil ser esta mamá o este papá tranquilo cuando se tiene un hijo con un sistema nervioso fuera de balance, pero la práctica, la constancia y la conciencia de que este tipo de reacción es lo que más puede ayudarle en momentos difíciles te llevarán a que se convierta en una respuesta automática, en vez de alterarte y gritarle. Lleva tiempo y requiere práctica, mas es un gran regalo para nuestros hijos.

  1. Fomenta los momentos de conexión con tu bebé

Juega e interactúa con él; la perfecta combinación es que el juego involucre contacto visual y físico, así como presencia corporal y toda tu atención enfocada en estar con ella o él.

Estas interacciones generan en el cuerpo del niño algo que la doctora Becky Bailey, especialista en desarrollo del niño y creadora del programa Disciplina Consciente, llama “jugo de la alegría”, o sea, una mezcla de dopamina, endorfinas y oxitocina (hormonas y neurotransmisores que producen sensaciones de placer y bienestar) como producto de la interacción lúdica con el pequeño.

  1. Dale la habilidad en lugar de desesperarte

Para un niño que ha experimentado rechazo y que cuenta con un sistema nervioso fuera de balance, los castigos, gritos y regaños son tóxicos en su cerebro o una especie de “veneno”.

Por ejemplo, si el niño te agrede, en vez de reprimirlo, gritarle o amenazarlo, ayúdale diciendo que es lo que sí debe hacer: “Tócame así, quedito” a la vez que guías su mano y le muestras cómo. “¿Quieres tu chupón y te está costando trabajo esperar? Respira, tú puedes”, mientras modelas cómo respirar y respiras por él

A través del tiempo y la experiencia, tu hijo mostrará diferentes comportamientos, pero lo que fomentará o inhibirá su habilidad de autorregulación será la respuesta que tú le des como adulto. Por eso, sé consciente de tus respuestas, tus acciones, tu trato y tu conexión con el niño desde el día uno de su vida. No olvides que tu actitud será la clave de las relaciones que establezca y de un desarrollo socioemocional sano en tu hijo.

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