Recupera tu libertad como mamá – Mamá por primera vez

Recupera tu libertad como mamá

¿Por qué un compromiso que adquirimos por gusto de pronto nos pesa tanto? ¿Cómo recobrar la libertad entre tantas responsabilidades?

“¡Esto de ser mamá es un trabajo de tiempo completo todos los días!”, suelen decir las mamás a los pocos días de regresar a casa con su bebé recién nacido. Otras más expertas declaran que el segundo bebé no es el doble de trabajo, sino ¡cuatro veces el trabajo!

Es muy común que un compromiso que hemos hecho de manera voluntaria se convierta en una obligación poco tiempo después. Incluso la decisión de casarse se toma como el establecimiento de una obligación en la que se renuncia a la libertad personal. Sin embargo, ¿cómo podemos hacernos esclavos de un compromiso que establecimos de forma consciente y libre?

Una de las principales razones por las que un acuerdo se convierte en obligación es porque lo dejamos de disfrutar. Y se deja de disfrutar algo a lo que nos hemos comprometido debido a que no sabíamos la magnitud y el tipo de esfuerzo que representaba. Ese convenio se convirtió en obligación, ya sea por no informamos correctamente o porque no teníamos la madurez suficiente para manejarlo.

La mala noticia es que la vida no nos pregunta si estamos preparados para enfrentar los retos que se van presentando; simplemente tomamos una decisión y esperamos desarrollar la madurez suficiente para poder enfrentar cada desafío y, al mismo tiempo, disfrutarlo.

El primer colapso de la libertad

Imaginemos a una futura mamá por primera vez que va a casarse dentro de poco tiempo. Termina un día particularmente difícil en la oficina y regresa a casa de sus padres, donde ella vive. Su mamá le pregunta si va a cenar y ella contesta amablemente que muchas gracias, pero no. Le comenta que está muy cansada, que va a hacer un poco de ejercicio, darse un baño y meterse a la cama a leer un rato. Su mamá la entiende perfectamente, le da un beso y le dice: “Descansa, mi hijita, mañana será un mejor día”.

La misma escena se presenta meses después, al poco tiempo de casada, pero lejos de recibir comprensión como la de su mamá, su esposo le pregunta si está enojada con él, le pide que cenen juntos (aunque ella no tiene apetito) y le reclama que siempre está cansada. ¿Qué pasó aquí? La misma inocente escena, pero en una ella es libre y en la otra ¿ha faltado a una obligación?

Todavía sin hijos que cuidar, va en una ruta de pérdida de la libertad que le conviene defender desde este momento. Sin embargo, la capacidad de ser libre se pierde debido a la debilidad de otras virtudes. Tal vez decida hacer la cena para no sentirse culpable (falta de dignidad). Quizá perciba que su esposo abusa de ella y le exija, de manera irrespetuosa, que él mismo prepare la cena. Cualquiera de estas reacciones representa un colapso de su libertad debido a la carencia de otra virtud, ya sea dignidad, respeto u otra.

Bendición y carga

Ya que llega el primer bebé, es aún más fácil convertir esa bendición en una obligación. La falta de conocimiento acerca de la demanda de atención que ese primer hijo representa suele rebasar el inventario de virtudes con los que cuenta la mamá por primera vez.

Es probable que tú estés pasando por algo así. Tu nivel de paciencia, tolerancia, humildad y muchas otras virtudes se verán completamente rebasadas por las constantes demandas de atención y cuidados, y por la inmensa incertidumbre que te lleva a cuestionarse si lo estás haciendo bien o no.

En el momento en que cuidar a tu bebé rebase tus virtudes, la libertad también se colapsará y probablemente confundas la inmensa bendición de ser mamá con la obligación de encargarte de un bebé.

¿Qué hacer para recobrar la libertad?

La mamá primeriza es precisamente una mamá que está cuidando de un bebé por primera vez en su vida; es imposible que seas una experta que maneje la situación con calma todo el tiempo. Por eso:

  • Date libertad a ti misma, comenzando por dejarte sentir. En el momento en que te rebasen la atención y el cuidado que tu bebé demanda, debes darte la libertad de sentirte mal.
  • Tienes que brindarte el derecho de sentirte desesperada, confundida, inexperta, sola, desorientada o preocupada.
  • Una vez recuperada tu propia libertad de experimentar emociones, habrás dado el primer paso hacia tomar la acción correcta.
  • Reconociendo que te sientes confundida y dándote el privilegio de sentirte así, pensarás con mayor claridad e investigarás cómo obtener ayuda y encontrar una solución.
  • Si te sientes sola, podrás llamar a alguien que te escuche y te haga compañía; si estás desesperada y lo reconoces, serás capaz de darte tu tiempo para remediar cualquier situación demandante a su debido ritmo.

Otra manera de recuperar tu libertad es recordar que la decisión de convertirte en mamá fue un compromiso que estableciste de manera voluntaria y que todos los compromisos en la vida tienen aspectos que nos gustan y otros que no. La escuela tiene materias agradables y otras que no tanto; casarse supone muchos aspectos atractivos, pero otros no; y ser mamá por primera vez también implica estos contrastes.

Precisamente son los problemas que nos rebasan los que nos hacen sentir obligados a cumplir un compromiso que hemos establecido por decisión propia. Recordar que los problemas que nos hacen sentir presas (falta de libertad) vienen de nuestras mayores bendiciones y recordar que esas bendiciones son compromisos que hemos establecido de manera voluntaria es la mejor manera de recobrar la libertad.

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