Ayuda a tu hijo a manejar su ansiedad – Mamá por primera vez

Ayuda a tu hijo a manejar su ansiedad

Detrás de la agresión, el berrinche o el capricho, tu hijo podría estar viviendo emociones muy intensas que no sabe expresar y lo hacen sentir ansioso.

El pequeño se tira al piso y grita después de que lo dejas en la escuela. De camino iba repitiendo que no quería ir y que no se quedaría. Mamá estaba tensa, le aseguraba que iba a pasarla muy bien, pero después empezó a sentirse rebasada y le advirtió que, si seguía llorando, no irían el fin de semana a casa de su primo, como se lo había prometido.

Mamá lo ve como berrinchudo y manipulador, ya que a veces entra muy tranquilo a la escuela y otras no. La duda es: ¿el pequeño estará manipulando? ¿Será un berrinchudo? Hay algo cierto: la ansiedad se disfraza muy bien de capricho, de manipulación, de berrinche, de agresión, y bajo ese disfraz es castigada, amenazada y reprimida, haciéndola aún más intensa.

Radiografía de la ansiedad

La ansiedad es una sensación de desagrado y tensión frente a estímulos que son percibidos como amenaza o peligro, ya sea real o imaginario. A veces el estímulo supera la capacidad de adaptación del organismo y se vive de manera muy intensa.

Cuando un niño se siente ansioso, no es que quiera hacernos pasar un mal día, no es que necesite límites más estrictos, sino que tiene un cerebro que en ese momento está funcionando en estado de alerta. Lamentablemente la respuesta que tiende a recibir de los adultos a su alrededor es tal que dicha alerta puede aumentar.

Si pudiéramos ver lo que está ocurriendo en su cabeza, entenderíamos perfectamente sus acciones. Si como adultos somos capaces de responder en esos momentos logrando una conexión emocional con el niño, lo ayudaremos a entender lo que pasa en su mundo interior. Así, al hacerle sentido, podrá responder de maneras más positivas y adecuadas.

El niño que muestra un comportamiento ansioso regularmente se siente amenazado por cualquier cosa que sea nueva, poco familiar o estresante, y tiende a procesar estos detonantes desde la parte de supervivencia de su cerebro, que es reactiva y desde la cual se ataca, liberando sustancias químicas en el cuerpo. Es como si se soltara la alarma contra incendios que empieza a sonar fuerte y nos pone en alerta, ya sea que haya fuego o no. De la misma manera, el niño al sentir amenaza se pone en alerta, sea real o no la amenaza que percibe.

Imagínate que tienes un dolor muy agudo en tu pierna; difícilmente puedes caminar y, al hacerlo, no puedes evitar el llanto. Vas al doctor, pero estás atada de manos y pies, y además tienes cubierta la boca con cinta canela. ¿Cómo le explicas al médico lo que te pasa? ¿Te imaginas la desesperación? Así se siente un niño cuando surge una intensa angustia y no puede ponerle palabras, ya que no sabe lo que le ocurre.

¿Cómo ayudarlo en momentos ansiosos?

Cuando el pequeño empiece a manifestar que algo le causa ansiedad, es probable que lleguen comportamientos agresivos, caprichos y berrinches. Pregúntate: ¿qué puede estarlo detonando? Empecemos por el porqué, no por el qué. El qué es lo que vemos (la pataleta, los gritos, las ofensas, el descontrol), pero necesitamos convertirnos en detectives y pensar en las causas.

El comportamiento es una forma de comunicación y éste es como la punta del iceberg; el porqué es la raíz, es algo mucho más profundo que no siempre consideramos. Entender su comportamiento implica que le podemos ayudar a entenderse a sí mismo, a que haga sentido lo que ocurre en su mundo interior.

Para encontrar las razones y conectar emocionalmente con tu hijo o hija, se requiere que te mantengas tranquila:

  • Adquiere el mismo estado de calma que quisieras que tu pequeño tenga.
  • Respira por lo menos tres veces profundamente, lo que provoca que se abra el camino de acceso a tus lóbulos prefrontales del cerebro para mantener la calma, pensar claramente y tomar decisiones inteligentes, ofreciendo lo mejor de ti.
  • Conecta con el niño nombrando la posible emoción que está sintiendo y leyendo su mundo interior: “Te ves angustiado; no conoces bien a tus compañeros en la escuela y no quieres ir”. Cuando un niño toma conciencia de lo que realmente siente y es tratado con tranquilidad, es capaz de apagar la alarma de su cerebro y quitar las barreras para permitir que lo guíen.
  • Pon límites sólo cuando ya esté tranquilo, explicándole que todos los sentimientos son válidos, mas no así todas las conductas. Es muy importante señalarle y transmitirle los comportamientos alternativos que puede tener cuando se sienta ansioso.

Tu hijo no sólo te necesita en los momentos felices, o sea, cuando muestra tranquilidad y una conducta positiva. Transmítele con tu propio comportamiento que siempre cuenta contigo y que estás con él o ella en las buenas y en las malas.

Aprende a leer sus acciones y descubrirás que, detrás de ellas (cuando son intensas), hay una intensa emoción que no está sabiendo manejar.

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