Enséñale a amar bien – Mamá por primera vez

Enséñale a amar bien

¿El amor es espontáneo o también se aprende? Ese que es sano, empático e incondicional se transmite desde la infancia y sirve de modelo para toda la vida.

A partir de que te convertiste en mamá, el sentimiento de amor incondicional nunca se había sentido igual. Tu bebé es un ser que amas antes de conocerlo y, conforme te vas relacionando con ella o él, este amor crece exponencialmente.

Desde que llegaste por primera vez con el pequeño a casa, tu vida cambió en todos los sentidos al girar alrededor de este nuevo protagonista: tu atención, tus preocupaciones y tus planes. Estás segura de que tu bebé es un ser bueno, hermoso y perfecto.

¿Esto cambia con el tiempo? ¿Este perfecto y hermoso ser deja de serlo en algún momento? ¿Qué le transmitimos cuando empieza a crecer y se equivoca? La pregunta es si sentirás ese mismo amor incondicional cuando llegue a los dos años de edad y no todo el tiempo haga lo que le pidas; cuando empiece a descubrir que es un individuo autónomo de su mamá y lo experimente desafiándote; cuando parezca que va a tirar los chícharos al piso, le pidas que no lo haga, te mire directo a los ojos y enseguida los arroje como suponías. ¿En esos momentos se le puede transmitir que sigue siendo bueno, perfecto y maravilloso, pero que simplemente ese no era el comportamiento esperado?

Cuando el bebé se hace grande y su comportamiento no siempre nos complace, tristemente olvidamos lo más importante: la conexión, nuestra presencia total al estar con el pequeño, dejarle claro nuestro amor incondicional. Como padres solemos volcarnos en juzgar el comportamiento del niño y corregir sus acciones. Al hacer esto casi en cada acercamiento, mandamos el mensaje de que no es lo suficientemente bueno o valioso, plantando esta semilla por el resto de su vida.

¿Qué es lo que le transmites a tu hijo cuando entra a tu cuarto, cuando regresa de la escuela o cuando despierta en la mañana? Quizá uses muy seguido frases como “¡Qué fachas son esas!”, “¡Péinate, no puedes salir a la calle con esos pelos!”, “Nunca estás listo a tiempo, otra vez vas a llegar tarde”.

Este es un buen momento para que tomemos conciencia de nuestra comunicación como padres, con y sin palabras. ¿Con qué objetivo? Comuniquemos de manera verbal, no verbal y energética lo que nuestros hijos son: amor, inocencia, bondad, talento. Tu hijo necesita saber que lo amas independientemente de sus errores, de su comportamiento o de sus malos momentos, que estás ahí para él o ella cuando triunfa y cuando se cae, y que el amor que sientes no depende de nada, que lo amas simplemente porque existe, porque es quien es.

Sólo cuando le transmites este tipo de amor le enseñas a hacer lo mismo: a amar a quienes lo rodean aprendiendo a considerar sus errores como caídas, como malos momentos, pero no como algo que los define. Desde este lugar contribuimos a tener hijos que, al vivir la compasión, son compasivos; que saben ver lo mejor en el otro y en ellos mismos.

A ejercitar el verdadero amor

Decidir la práctica del amor incondicional en el día a día significa que, cuando las cosas no vayan como esperabas, tu hijo se equivoque o haga un berrinche, tú ofrecerás lo siguiente:

  1. Tranquilidad ante el caos: para cortar la intensidad de lo que esté ocurriendo y llevar calma a la situación.
  1. Convertirte en su espejo: describe lo que observas para brindar conciencia al niño, por ejemplo, “Tu cara se ve así, tus manos están de esta manera”. Esto despertará su curiosidad. Cuando te vea, respira descargando o transmitiendo tu calma en el niño.
  1. Empatía: nombra el sentimiento que pueda estar teniendo y empatiza con él o ella a través de comentarios como “Te ves enojado; sé que es difícil cuando quieres un juguete y no te lo compro” o “Tú querías seguir jugando y no va a ser posible; es incómodo, te entiendo, pero tú puedes con esto y volveremos a jugar pronto”.

Las palabras que uses en sus momentos difíciles le ayudarán a tranquilizarse, a saber que uno puede guardar la calma en el caos y a entender que no lo estás desaprobando por ser quien es, sino que sencillamente lo estás guiando y ayudando desde un lugar de amor.

Ofrezcamos respuestas conscientes y amorosas a nuestros hijos, lo cual será para ellos un modelo de amor incondicional y compasión hacia el prójimo.

Categorias: TU NUEVA VIDA

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