Los “terribles” 2 años – Mamá por primera vez

Los “terribles” 2 años

¿Tu pequeño angelito ya se puso insoportable y parece adolescente de 80 centímetros? Conoce cómo manejar esta etapa y cuál es su lado bonito (que sí lo tiene).

Todos hemos oído que cuando los niños cumplen 2 años se vuelven insufribles: se oponen a todo y, en general, son muy rebeldes; tanto así que a la etapa se le conoce como The Terrible Two o Los terribles dos años.

Si bien esto no es totalmente un mito, sí existen razones por las que tu hijo será más inquieto y oposicionista alrededor de esa edad. Hasta existe un chiste al respecto: cuando a un niño de 2 años y pico le preguntan su nombre, suele responder: “Me llamo NO”.

Revisemos las causas, los aspectos más difíciles, cómo manejarlos y todo el provecho que puedes sacarle a este episodio con tu hijo.

Lo difícil

  • Alrededor de los 2 años, tu niño se vuelve más independiente porque se mueve más y se desplaza por todos lados. Está pasando por un periodo en el que ya no es más un bebé que dependía totalmente de otros. Va descubriendo que puede ser un poco más autónomo, pero a la vez es más cómodo ser bebé, ¿cierto? A veces puede prenderse a ti y al siguiente momento quiere trepar el librero, o sea, los niños de esta edad parecen “bipolares”.
  • Es muy curioso y empieza a ver que hay todo un mundo fascinante que desea descubrir y probar, pero no tiene conciencia del peligro.
  • Por lo anterior, como mamá o papá consciente empiezas a poner límites y te la pasas diciendo “¡No!” (“No te acerques a la alberca”, “No metas la mano ahí”, “No salgas corriendo al cruzar la calle”, “No, no, no”). El niño o niña nunca había escuchado tantos “no” y obvio eso no le gusta.
  • Algunos niños de 2 años todavía están batallando con el lenguaje, por lo que no tienen las palabras para expresar lo que están sintiendo y, por ello, podrían hacer más berrinches. Sus pequeños cerebros no pueden manejar las emociones que a esta edad son más fuertes.
  • El niño va teniendo muchos cambios en lo intelectual, social y emocional, y se va dando cuenta de que existen ciertas reglas en su mundo. Al no poder controlarlo, puede mostrar baja tolerancia a la frustración. Es muy normal que el pequeño pierda la paciencia en esta etapa y, por supuesto, sus papás también.

El lado bueno

  • Al tener mayor independencia y curiosidad de su entorno, el niño es muy simpático y puede salir con cosas asombrosas como parte de su descubrimiento de todo lo nuevo a su alrededor. Por ejemplo, puede inventar palabras que tienen toda la lógica pero no existen. Recuerdo a mi hija volteándose y diciéndome: “Desmóñame” (traducción: deshaz el moño de mi vestido).
  • Sí, es cansado estar todo el tiempo detrás del niño, pero también resulta fascinante ver cómo va creciendo y, a veces de un día para el otro, se suelta hablando cuando, no hace mucho, su lenguaje era sumamente corto.
  • Su curiosidad, aunque lo mete en problemas, lo hace muy gracioso y ocurrente, sobre todo para los padres primerizos.

7 consejos para manejarlos mejor

  1. No lo ayudes en todo. Por ejemplo, si está tratando de trepar a un sillón, déjalo y, cuando lo logre, apláudele o celébralo con afecto. Eso es diferente a que, al instante que quiera trepar, tú lo subas. Mientras no haya peligro, estimula y permite su curiosidad. Hay muchos padres que, por inexperiencia, aniquilan la curiosidad de sus hijos, con el resultado de volverlos a futuro demasiado dependientes y apáticos.
  2. Muchas veces es más fácil quitarle el recipiente que está tratando de abrir y abrirlo tú. No lo hagas, a menos que lleve demasiado tiempo intentándolo y realmente le resulte muy complicado. Y, aun así, trata de enseñarle cómo se hace y dile: “Ahora tú podrás hacerlo por ti mismo”.
  3. Si está haciendo berrinche muy seguido, dile directamente: “Te quiero mucho, pero con ese berrinche no te entiendo nada y no me gusta”. Después ignóralo, pero de verdad ignóralo durante la escenita. Eso sí: cuando se comporte bien o se muestre curioso, anímalo y échale porras. Es muy común que a un niño que se porta bien no le digan nada. ¿Por qué? Porque no está molestando. Es ahí donde hay que ponerle toda tu atención y mostrarle, de todas las maneras posibles, que eso sí te gusta. En pocas palabras, refuerza su conducta positiva.
  4. No lo premies con regalos, sino con afecto. Presume que se porta muy bien con cualquier persona importante, como los abuelos o tíos (y que él o ella pueda darse cuenta, por supuesto).
  5. Lo más difícil es cuando hace berrinche en público. Sujétalo, llévalo a un lugar apartado y trata de mantener la calma. Los gritos no se acaban con más gritos.
  6. Los niños son chicos, pero no tontos. Estimula lo más que puedas su curiosidad: háblale de lo que ves y haces, ponlo a escuchar música, anímalo a socializar, enséñale todo lo que puedas y permítele ser creativo.
  7. Marca límites muy claros y trata de enseñarle las posibles consecuencias de sus actos, más aún cuando se trate de algo peligroso.

Los 2 años sí pueden ser terribles a nivel de disciplina y muy agotadores, pero también terriblemente extraordinarios. Aunque resulte cansado, trata de gozar y retratar o grabar lo más que puedas de tu hijo en este periodo.

 

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