¿Por qué mi bebé come menos que antes? – Mamá por primera vez

¿Por qué mi bebé come menos que antes?

Su apetito cambió de un día para el otro y pasan horas sin que pruebe alimento. Le pasa a todos los niños a partir del primer cumpleaños y aquí descubrirás las razones.

Hace todavía unas semanas, tu bebé devoraba todo lo que le ponías enfrente y estaba cada vez más habituado a sus horarios de alimentación y los sabores que le presentabas. Sin embargo, hoy está interesado sólo en ciertos alimentos y sobre todo en que no lo sienten a la mesa porque está explorando el mundo.

Por supuesto, el asunto te preocupa y lo has consultado con el pediatra, quien te dice que su nuevo apetito es normal. Pero ¿cómo va a ser normal si está creciendo y necesita alimentarse más que antes?

Te tenemos noticias: durante el primer año de vida, el aumento de peso y la longitud es más rápido en comparación a cualquier otra edad posterior, por lo que los requerimientos nutricionales de energía y nutrimentos son muy elevados.

Después de esta etapa, el crecimiento pasa por una fase de desaceleración, principalmente en la infancia y en la niñez temprana, así que las demandas de alimento disminuyen y esto se ve reflejado en la falta de apetito de los niños.

Los cambios en el crecimiento y desarrollo también se notan en el aumento del peso y la longitud o talla, de la cual hablamos enseguida:

  • La longitud media al nacer es de 50 cm.
  • Al final del primer año, el niño ha aumentado su estatura en un 50%, es decir, mide aproximadamente 75 cm.
  • A partir de este momento, la velocidad de crecimiento del año anterior no volverá a producirse y este año se reducirá a la mitad, así que el niño crecerá unos 12.5 cm. De cualquier forma sigue siendo un crecimiento considerable, ya que hablamos más o menos de un centímetro por mes.
  • A los 2 años de edad, el niño habrá alcanzado unos 87.5 cm de altura.

Respecto al peso del bebé:

  • Al nacer es de 3 a 3.5 kg.
  • Durante los 3 primeros meses, el niño gana unos 900 g por mes, de modo que a los 5 meses habrá doblado su peso al nacer (llegará a 7 kg aproximadamente) y al año lo triplicará.
  • A partir de los 6 meses de edad, el incremento medio disminuye a 450 g mensuales.
  • En el segundo año de vida, el niño aumentará unos 3 kilos de peso, es decir, sólo el 50% del año anterior.

Crece más lento, come menos

Por todo lo anterior, podemos enfrentarnos a un nuevo problema: “Mi hijo o hija no quiere comer como antes”. Si bien el proceso de crecimiento será más lento a partir de los 12 meses de edad, las necesidades nutricionales siguen siendo de vital importancia como en la etapa anterior, pues una buena alimentación brinda a los niños los nutrientes indispensables para garantizar el adecuado proceso de crecimiento y desarrollo, especialmente en etapas tempranas de la vida.

El ritmo de introducción y el tipo de alimentos que se le van ofreciendo al niño durante el segundo semestre de vida, así como en general la alimentación en el primer año, resultan definitivos para su salud a esta edad y en etapas posteriores. Fomentar hábitos alimentarios apropiados desde el inicio puede condicionar un estado nutricional óptimo y evitar así muchas enfermedades, como la desnutrición, la anemia, el sobrepeso y la obesidad infantil.

Al introducir gradualmente a tu bebé a los alimentos sólidos (a partir de los 6 meses de edad), a los 12 meses éstos formarán la parte más importante de su dieta, logrando un balance con la leche materna o fórmula, y su incorporación definitiva a la dieta familiar, lo cual es un proceso de aprendizaje tanto para el bebé como para los padres y la familia. ¿Cómo responder a su nuevo apetito sin poner en riesgo su estado nutricional y su salud? Sigue leyendo.

¿En la mesa no se juega?

Las normas disciplinarias relacionadas con la alimentación van cambiando a través de los años. Antes era muy común escuchar la frase “En la mesa no se juega”; los modales eran lo más importante y el niño que se ponía a jugar se quedaba sin comer.

Actualmente, los padres parecen tan obsesionados con que el niño se acabe toda la comida (en grandes cantidades), que son capaces no sólo de consentir sino de fomentar el juego en la mesa: distraen al niño con juguetes, con la televisión, con danzas, con lo que sea. Además de estarle enseñando modales incorrectos, distraer a un niño mientras come puede ser peligroso, ya que podemos ocasionar un atragantamiento alimentario (que el alimento obstruya sus vías respiratorias).

Se recomienda que, al cumplir un año de vida, tu niño o niña ya esté incorporado en la alimentación familiar. Poco a poco, su horario de comidas se irá ajustando al del resto de la familia, hasta llegar a tres comidas mayores (desayuno, comida y cena) con alimentos sólidos, y de dos a tres colaciones (refrigerios o alimentos más ligeros a media mañana y a media tarde); esto es suficiente para cubrir las necesidades energéticas en un niño de 1 a 2 años.

Para facilitar esta incorporación, todos los miembros de la familia deben participar y apoyar a la mamá en el proceso, por ejemplo, turnándose los tiempos de comida para ofrecerle alimentos al niño. Es recomendable que el pequeño se siente con el resto de la familia para que comience a aprender la dinámica en la mesa, cómo comportarse y, claro está, a disfrutar este momento en compañía de sus seres queridos.

En caso de que la hora de la comida tenga que retrasarse por algún motivo, el niño debe recibir los alimentos a la hora de costumbre para ir fomentando una rutina de alimentación saludable.

6 consejos para alimentarlo sin batallas

  1. Tu hija o hijo pedirá más alimento cuando su cuerpo lo necesite para seguir creciendo. No se le olvidará comer por estar jugando; sencillamente su cuerpo está desarrollándose más lentamente y tiene mayor interés que nunca en el juego y todo tipo de actividades, antes que en sentarse a la mesa y ponerle freno a su curiosidad.
  2.  Permite que el niño decida cuánto quiere comer de lo que tú decidas prepararle. Si no tiene hambre, llegará al siguiente tiempo de comida y ahí comerá mucho más.
  3.  No lo obligues a terminar toda la comida servida, ya que los niños aprenden a comer demasiado cuando son obligados y esta conducta puede repercutir en problemas alimentarios futuros como sobrepeso y obesidad, aunado al hecho de que fomentamos un ambiente familiar incómodo y negativo.
  4. Evita ofrecerle alimentos poco nutritivos entre cada tiempo de comida principal o, de lo contrario, cuando llegue el momento de la comida fuerte podría tener poco apetito.
  5. Si sirves un postre, prepara una porción muy pequeña para el niño y dásela después del plato fuerte. Trata de que el consumo de postres sea algo poco frecuente para no fomentarle un consumo elevado de azúcar.
  6. Es importante tener cuidado con los comentarios negativos sobre algún alimento o su preparación porque los niños son grandes imitadores de las personas que admiran, especialmente de sus padres. Podrías enseñarle el desagrado por algún alimento, incluso de manera no verbal con gestos de rechazo.

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