En cuerpo y alma con tu hijo - Mamá por primera vez

En cuerpo y alma con tu hijo

Estar a su lado sin ponerle atención o no sintonizar con sus reacciones es una forma de maltrato que puede dañar los cimientos de su cerebro y su desarrollo.

Para los bebés y niños pequeños, el desarrollo ocurre en el contexto de una relación. El cerebro de un bebé se va formando a través de la interacción con los demás, principalmente con sus cuidadores primarios. Se dice que la interacción del bebé con el adulto es como un juego de tenis, en donde se realiza un saque de pelota y éste se contesta de ida y vuelta. El bebé hace una cara, el adulto le corresponde, nota su risa, sonríe de regreso, atiende a su necesidad expresada por su gesticulación y así sucesivamente.

Este “partido de tenis” o interacción de ida y regreso entre el adulto y el niño va creando conexiones neuronales en el cerebro del pequeño y constituye el cimiento de una arquitectura sana en su cerebro. Para construir una casa, se necesitan cimientos fuertes. Una vez que se logran, puede construirse encima una casa de varios pisos. Así es la arquitectura del cerebro: se construye un cimiento sano y cuando éste ya está, entonces todo el aprendizaje puede ser llevado a cabo. El cimiento sano se logra a través de la interacción en sintonía con el bebé.

¿Qué es lo que pasa cuando un bebé no es atendido, cuando no participa en estos “partidos de tenis” de sacar y contestar, responder de regreso y volver a contestar? Se crea un estrés poco sano en el niño. Vivir un nivel pequeño de estrés es positivo, pues ayuda a dar al pequeño habilidades de resolución y resiliencia (la capacidad para adaptarse y superar la adversidad).

Conocer personas nuevas, estudiar para un examen o quedarse una tarde al cuidado de la abuelita es un estrés sano. Pero no ser visto, no ser cuidado adecuadamente o vivir en una casa donde hay adicciones es un tipo de estrés tóxico que puede afectar la arquitectura del cerebro del niño y que influirá, por el resto de su vida, en el modelo mental de sí mismo y de sus relaciones, en su habilidad para cuidarse y motivarse, y en la manera en que se regula y maneja el estrés.

Ignorar, no atender y abandonar a un bebé o niño es una forma de abuso y maltrato que lo impactará para siempre. Lo anterior creará una estructura dañada y ocasionará que el niño esté en riesgo de caer en adicciones en su vida futura, tener problemas emocionales o incluso ser incapaz de lograr un desarrollo óptimo de habilidades.

Dale una arquitectura sana a su cerebro

¿Cómo? La respuesta está en el juego social. Nuevas investigaciones confirman lo que hemos sabido por décadas: la habilidad para generar estados emocionales positivos en las relaciones adulto-niño es clave para un desarrollo sano y para la salud tanto física como mental. Estudios realizados por el Instituto Nacional de Salud Mental han demostrado que, a edad temprana, demasiada rigidez y negatividad, así como ser ignorado, contribuye a un mayor nivel de problemas futuros en la escuela y en la vida.

En cambio, las interacciones padre-hijo que crean alegría y momentos positivos reducen los problemas de comportamiento más tarde en la escuela y esto aplica también para la relación cuidador-niño (abuelos, tíos o maestros, por ejemplo). No hay duda de que el juego social positivo entre niño y adulto es clave para el sano desarrollo.

Ya sea que juegues con tu hijo aserrín-aserrán, peek-a-boo o actividades donde junten las manos y hagan cosas divertidas con ellas, las interacciones sociales requieren estar en sintonía para ser más efectivas. ¿Cómo saber si están teniendo juego en sintonía? Si se dan momentos en que ambos sonríen, se conectan profundamente y se pierden de todo lo demás (el celular, los pendientes laborales o domésticos, el estrés), con ganas de crear juntos un momento agradable.

Para lograrlo, el padre también debe responder a las señales no verbales del niño, de tal manera que se creen estados de emoción o excitación óptima. Un niño demasiado excitado volteará la cabeza, gritará y físicamente estará desorganizado. Esto da la señal al adulto sintonizado, es decir, “esto fue divertido pero ahora es demasiado para mí”. Si el adulto ignora estas señales y sigue jugando en el intento de reenganchar al niño, la oportunidad de la sintonía se pierde. En este ejemplo, la comunicación no verbal de parte del pequeño le indicó al adulto que parara la actividad, que alternara el juego o que hiciera algo diferente. El mensaje no era hacerlo más rápido ni más fuerte para reconectarse.

Los juegos sociales requieren que sigamos la guía del niño, observando sus señales verbales y no verbales, en espera de mantenerlo enganchado. El poder enfocarnos en una actividad va creando nuestro modelo mental de atención. Cuesta mucho trabajo enganchar a los niños con temperamento difícil. Sin embargo, si no nos sintonizamos con ellos y respondemos conscientemente a su comunicación no verbal, comprometemos su habilidad de poner atención. Los adultos deben jugar este “partido de tenis” con los niños en armonía, donde el ir y venir de la pelota sea suave y fluido, a la vez que el juego social evolucione para así mantener su interés.

En conclusión, si queremos construir cerebros saludables en los niños, todo lo que necesitamos es estar en cuerpo y alma, jugar y disfrutar a nuestros pequeños. Sin duda es la base para un sano desarrollo físico y emocional.

4 elementos esenciales del juego social

  1. Contacto visual
  2. Contacto físico
  3. Presencia total sin distracciones
  4. Estar en sintonía con las reacciones verbales y no verbales del niño

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