Enséñale empatía y compasión - Mamá por primera vez

Enséñale empatía y compasión

¿Tu hijo se tiró al berrinche? Aprovecha la oportunidad para modelar su forma de expresar enojo e inculcarle una mirada compasiva del mundo.

Estás en el cine y tu hijo se tira al piso llorando porque no le compraste las palomitas que quería. Domingo en casa de tus suegros y tu hijo llora porque no le gustó la comida y se queja. Es hora de bañarse y empieza a patear porque no se quiere meter a la regadera.

En el día a día, existen momentos que, como mamá o papá, te frustran. Quizá te preguntas: ¿Estoy siendo demasiado estricto? ¿Soy demasiado flexible y eso ocasiona que se comporte de esta manera? ¿Soy un buen padre? La respuesta: respira, tranquilízate y ten compasión por ti y por la situación.

Por años, diferentes expertos como la psicóloga Becky Bailey, el psiquiatra Daniel Siegal y otros especialistas en desarrollo infantil se han dedicado a estudiar el funcionamiento del cerebro en relación a nuestro comportamiento, descubriendo las maneras óptimas para ayudar al niño en sus peores momentos de descontrol, de tal manera que su cerebro conecte y pueda acceder a la parte ejecutiva del mismo para regresar a la calma.

En el pasado, se creía que la mejor forma de hacerlo consistía en gritarle, mirarlo de manera amenazante y hacer que parara a través del miedo. Hoy sabemos que lo podemos hacer mucho mejor, basándonos en los estudios más recientes sobre el cerebro.

¿Sabías que?

La empatía (del griego pathos que significa padecer o estado de ánimo, emoción, sufrimiento) es comprender lo que otro siente y vive, es decir, “ponerse en sus zapatos”.

Por su parte, la compasión es un sentimiento de solidaridad con el dolor ajeno, intentando aliviarlo. La empatía se siente, la compasión se muestra.

¡SOS! Tormenta a la vista

Sigue los 3 pasos para tranquilizar a tu hijo en momentos de frustración:

  1. Adquiere el mismo estado de tranquilidad que quisieras que tu hijo tuviera. Permanece tranquila, pues de esta manera le estarás modelando que, aun cuando algo no sale como desea, uno puede responder con tranquilidad para solucionar de manera óptima. Si pierdes la calma, le estarás enseñando que, cuando las cosas no van como uno quisiera, se puede gritar, ofender o amenazar.
  1. Descarga tu tranquilidad en el niño. Todos tenemos neuronas espejo que nos permiten imitar los movimientos de otras personas y ser empáticos, lo cual implica que, a través de gesticulaciones, transmitimos nuestro estado emocional a los demás. Respira profundamente e intenta que tu rostro proyecte tranquilidad para “contagiarla” al niño.
  1. Ofrécele empatía para conectar su cerebro. Cualquiera que sea la situación, vela desde el punto de vista del niño y vincúlate emocionalmente empatizando: “Te ves muy enojado; tú esperabas las palomitas grandes y te compré las chiquitas, y eso te molestó” o “Entiendo que te sientas frustrado porque querías seguir jugando y es hora de bañarte”.

Brindar empatía no significa que vas a hacer lo que el niño quiere; al contrario, lo que decidiste se sostiene, pero empatizar le transmite que comprendes de dónde viene su comportamiento, lo cual establece una conexión emocional, le ayuda a entenderse a sí mismo y conecta su cerebro para calmarse.

Los errores son una gran oportunidad

Todos cometemos errores, todos tenemos momentos difíciles y todos llegamos a tomar decisiones equivocadas. Si eres capaz de verte a ti misma con compasión cuando cometes un error, podrás ver a tu hijo de esta misma manera cuando se equivoque y tu reacción será compasiva.

Nuestra labor como padres no es obtener acciones perfectas o impecables por parte de nuestros hijos. La tarea es responder de la mejor manera posible cuando ocurran momentos imperfectos, esos momentos difíciles que se pueden convertir en una excelente oportunidad de enseñarles qué hacer, qué pudieron haber hecho diferente y cómo conectar su cerebro con el lenguaje de la empatía.

Las palabras que uses para disciplinar a tu hijo son las palabras que él usará para disciplinarse mentalmente el resto de su vida. ¿Qué diálogo interno quieres que use? ¿Un diálogo agresivo que le reproche sus actos y lo castigue por sus errores, o uno de compasión que lo lleve a rectificar y tomar mejores decisiones?

Expertos en neurociencias han descubierto una y otra vez que, cuando existe empatía en nuestro diálogo interno, podemos rectificar o enmendar nuestras equivocaciones y movernos a un mejor lugar, lo cual no es posible si manejamos un diálogo punitivo o castigador.

Entonces, ¿es malo y catastrófico que el niño se tire al berrinche? No, es una situación perfecta para modelar y practicar mejores maneras de expresar enojo y frustración. No importa lo que el niño haga: lo que importa es tu respuesta a lo que el niño hace.

 

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