Comunicación energética con tu bebé: la más poderosa

Comunicación energética con tu bebé: la más poderosa

Por Lety Valero  

Estar presente y en sintonía con tu hijo desde será determinante en el desarrollo de su cerebro y en sus relaciones de por vida.

Lo más significativo que una mamá o papá necesita saber es que las conexiones entre humanos crean, a su vez, conexiones neuronales. La relación que el bebé tenga inicialmente con sus padres (y posteriormente con sus abuelos, tíos y toda persona que esté a su alrededor) será algo determinante en el desarrollo de su cerebro y su sistema nervioso.

Preocuparse por si el bebé debe tener un móvil de colores brillantes en la cuna o por la distancia a la que éste debe estar de la vista del bebe es algo realmente secundario. Lo que más necesita como niño será la presencia de sus padres. Todas las áreas de desarrollo del niño –emocional, social, física y cerebral— se verán beneficiadas si sus padres están conectados y en sintonía con ellos.

Existen diferentes formas de comunicarse con un niño. En esta ocasión hablaremos de la más poderosa que es la comunicación energética. Como mamás, nuestro estado emocional literalmente se descarga en el del bebé durante el embarazo y sus primeros tres años de vida. Una mamá que se encuentra tranquila descarga ese estado en el bebé; una madre deprimida le transmite al infante su depresión. De aquí la importancia de tomar conciencia de nuestro estado interior y hacer un esfuerzo consciente porque éste sea uno de paz y tranquilidad la mayor parte del tiempo, incluso si el bebé se encuentra en el cuarto de al lado. Nuestro estado de ánimo, nuestro tono de voz y nuestras alegrías, frustraciones y humor se verán transferidos al establecer cualquier tipo de contacto con el bebé. En pocas palabras, el bebé siente lo que su mamá siente.

De hecho, hasta los 2 años de edad un bebé cree y está convencido de que su mamá (primera persona de seguridad) es él mismo, o sea, que son la misma persona. De ahí que, en experimentos realizados con bebés de esta etapa, si el menor tiene una mancha en la cara, intenta limpiarle el rostro a su mamá para quitársela de sí mismo, o bien, le produce una gran angustia que su mamá desaparezca de su vista. Esta conexión desde el vientre, esta dependencia de su madre para alimentarse y sobrevivir, y esta noción de que ambos son un mismo ser son aspectos muy importantes a considerar cuando se trata de vincularnos con el niño en lo cotidiano durante sus primeros tres años.

Lo que transmites sin palabras

Cuando un bebé llora, comúnmente lo llevamos a nuestro pecho, lo cual es muy conveniente. Sin embargo, inmediatamente damos palmaditas en la espalda y hacemos esfuerzos extremos para que se tranquilice. También es frecuente que se distraiga al bebé de aquello que lo está molestando. Lo recomendable, cuando existe estrés y el bebé llora, es llevarlo al pecho y adquirir un estado de paz para poder descargarla en él. Después, la mamá deberá tomar respiraciones profundas de tal manera que se siga transmitiendo esa tranquilidad.

Si el bebé es ignorado, éste entrará en un estado de estrés y, después de mucho tiempo, quizás deje de llorar, pero no porque fue capaz de tranquilizarse, sino porque se habrá dado por vencido. Si es distraído, le estaremos enseñando a distraer sus emociones en vez de aceptarlas y manejarlas. Por ejemplo, si un bebé nota que sus necesidades no son atendidas con regularidad, entenderá que no es digno de cuidados o que no puede confiar en los demás; por lo tanto, no será fácil que establezca relaciones profundas o duraderas cuando sea adulto. En cambio, si respiramos con el bebé y descargamos tranquilidad, le estaremos enseñando los principios de autorregulación, siendo ésta una habilidad que lo acompañará el resto de su vida.

La manera en que se responde a las necesidades del bebé o del niño tiene un impacto mayor a lo imaginable. Tomemos responsabilidad de esto y llevemos a cabo el propósito de crear lazos saludables y conexiones fuertes con nuestros bebés.

Nuestro estado de ánimo, nuestro tono de voz y nuestras alegrías, frustraciones y humor serán transferidos al bebé cuando estés en contacto con él. En pocas palabras, el bebé siente lo que tú sientes.

 

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