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Comer placenta: ¿por qué está de moda?

Por Ariadna Solís

La placentofagia es una práctica que ha regresado con fuerza porque, al parecer, reporta beneficios nutricionales y hormonales para la mamá en el posparto.

Algunas celebridades han confesado que practicaron la placentofagia (consumo de la propia placenta tras el nacimiento del bebé) y esto le ha dado un cierto empuje en internet. Por supuesto también sale el lado negativo y muchos opinan la contraparte, tratando de desmentir las teorías a favor de esta práctica. Como toda moda, se puede pensar que se trata de algo pasajero, que nunca se había hecho y que probablemente se dejará de hacer una vez que la euforia pase.

El bebé está unido a la placenta mediante el cordón umbilical. La placenta es un órgano muy importante durante el embarazo. Sólo crece durante la gestación y es expulsado tras el nacimiento del bebé. Hacia el final del embarazo mide aproximadamente 25 cm de diámetro y 2.5 cm de grosor, y pesa alrededor de medio kilo.

La placenta se forma de las mismas células del embrión y, a partir de la doceava semana de gestación, funciona de manera independiente para:

  • Llevar sangre oxigenada y nutriente al bebé.
  • Eliminar los desechos de su sangre, transportándolos al torrente sanguíneo de la mamá.

En la placenta se intercambian los nutrientes, desechos y gases entre la sangre de la madre y la del bebé. Sin embargo, las dos sangres no se mezclan gracias a cuatro capas placentarias, lo cual permite que los sistemas circulatorios de ambos trabajen de manera autónoma y por separado. Mediante la placenta se transfieren una gran cantidad de nutrientes y hormonas; esta es la razón de que sea tan rica en estas sustancias.

¿En qué ayuda comerse la placenta?

En las culturas orientales, la placenta juega un papel importante: en algunas a través de su ingesta como una medicina sagrada y en otras mediante rituales significativos con ésta. En occidente, la placenta es tratada como un deshecho biológico, aunque en algunas culturas prehispánicas también se practicaba su consumo y se utilizaba medicinalmente.

La realidad es que, hoy en día, no existen estudios científicos que avalen totalmente los beneficios de la placentofagia. Lo que sí se sabe es que la vía de nacimiento es indistinta para esta práctica (no importa si tu bebé nació por parto vaginal o cesárea), ya que los beneficios son prácticamente los mismos: una pronta recuperación de la mamá después del parto y estabilidad emocional durante el posparto, entre algunos otros, debido a la riqueza de nutrientes que contiene y que ayudan a reducir los riesgos de depresión posparto, así como a lograr mayor salud y energía.

Si estás considerando la opción de ingerir tu propia placenta una vez que tu bebé nazca, infórmate correctamente y busca a alguien que domine el tema, ya que hay técnicas especializadas para su mejor aprovechamiento. Existen diferentes maneras de tratar e ingerir la placenta; una de las más comunes es deshidratada para consumirla en cápsulas.

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