Un buen comienzo de la lactancia - Mamá por primera vez

Un buen comienzo de la lactancia

En cuanto tu bebé nazca, buscará tu pecho para alimentarse de ti en cuerpo y alma. Crea una lactancia exitosa desde las primeras semanas.

La leche materna es el alimento perfecto diseñado para los seres humanos. Amamantar es la manera en que el bebé se nutre física y emocionalmente, y es también una forma de estimulación oportuna, ya que utiliza sus cinco sentidos cuando está en tu pecho.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad y continuarla, con la introducción gradual de los alimentos complementarios, hasta el segundo año de vida y más, si fuera posible.

¿Cómo empezar? Dentro de sus primeros minutos de vida, tu bebé buscará por sí solo el pezón para sentirte cerca y alimentarse. ¿No te parece increíble? Por eso, tiene que ser puesto al pecho inmediatamente tras el parto y no separarse de ti.

El instinto de las primeras horas

Ese primer instante en que alimentas a tu bebé es preciado y único, por lo que es vital que en el hospital o en casa te den el tiempo de vincularte con tu recién nacido. Estos primeros momentos son importantísimos para el apego y la relación madre-hijo. Pesarlo y medirlo puede esperar; no habrá ninguna diferencia en ello.

En cambio, la cascada hormonal que se produce justo después del parto tendrá un impacto positivo en la formación del vínculo. Estamos hablando de hormonas similares a las del enamoramiento y eso es lo que sucede: tú y tu bebé se están enamorando. Si tu pareja está contigo en esos momentos, también estará recibiendo ese torrente hormonal.

La segregación de hormonas tiene un curso natural después del nacimiento y cuando la placenta sale (sea por parto o cesárea), las hormonas le dicen a tu cuerpo y al de tu recién nacido que deben estar juntos; es cuestión de supervivencia. Al separarlos, el instinto los pondrá en alerta; así estamos diseñados todos los mamíferos o de otra manera la especie moriría.

Defiende tu lactancia e inicia con el pie derecho

No olvides lo siguiente para proteger tus derechos en la lactancia e instalarla de la mejor manera:

  • El pediatra puede realizar todas sus revisiones mientras tú cargas al bebé, incluso la limpieza y el test de APGAR.
  • Es de suma importancia que platiques con el médico que recibirá a tu hijo y concuerden en las rutinas que no son necesarias, como separarlos o alimentarlo con fórmula mientras tú descansas, una práctica errónea que todavía se sigue en algunos hospitales y que puede inhibir la lactancia.
  • Lo mejor es que bebé esté con mamá a partir del nacimiento para que, entre otras cosas, regule su temperatura, se sienta más tranquilo y tenga a la mano su alimento.
  • Tu bebé trae programado el instinto de succionar, pero tiene que aprender a hacerlo; dale la oportunidad de que lo practique, sin presionarlo, sólo manteniéndolo piel con piel.
  • En los primeros días podrá llenarse de un pecho, pero poco a poco ofrécele los dos para asegurar una buena producción de leche; también puedes alternar uno por toma, dependiendo del apetito del bebé.

¿Por qué se habla tanto del calostro?

Es un líquido amarillento que tus pechos producen durante los primeros 3 días de vida del bebé, precursor de la leche materna y la más poderosa vacuna, ya que está compuesto por anticuerpos que lo protegerán de enfermedades.

El calostro es lo único que tu recién nacido necesita para su pequeño estómago (del tamaño de una canica) y para su tracto digestivo tan inmaduro. Dentro de los 3 a 5 días posteriores al parto y hasta por dos semanas, producirás una leche de transición, que es una mezcla de calostro y leche madura.

Además, el calostro ayuda a que el organismo del bebé expulse el meconio, es decir, las primeras heces (color verde oscuro o negro) que conserva desde el embarazo, así como a la prevención de la ictericia (exceso de bilirrubina, sustancia que se encuentra en la bilis y que hace que la piel y la parte blanca de los ojos se ponga amarilla).

Cuidados básicos de tus senos

  • El pezón no debe ser lavado con jabón para que no se reseque; con el agua que cae al bañarte es suficiente.
  • Para que no se agrieten, cuida la posición al amamantar: asegúrate de que el bebé no se “cuelgue” del pezón, sino que esté lo más posible encima de éste, y que su boquita cubra gran parte de la areola.
  • ¿Tus pezones están adoloridos o resecos? Ponles un poco de lanolina pura (nada de cacao que puede irritarlos) y enjuágate bien antes de alimentar al bebé.
  • Date baños de sol durante 10 minutos al día, de preferencia a través de una ventana.
  • Si sientes tus pechos congestionados o pesados, aplícate fomentos de agua caliente.
  • En caso de fiebre, llama a tu médico o partera. No suspendas la lactancia y consulta con una asesora en este tema.

¡Es mágica!

La leche materna siempre está dispuesta. Se encuentra limpia, en las mejores condiciones de temperatura, frescura y composición ideal para cada momento del día.  Se sabe que su composición varía y se adapta según la hora, el momento evolutivo de tu pequeño e incluso la estación del año.

En cualquier momento se encuentra fresca y en el mejor envase, pues no hay que esterilizarlo, transportarlo ni prepararlo, lo que hace mucho más fácil alimentarlo por las noches. Cuenta con la mejor tetina, la más adaptable, de consistencia ideal y que no se rompe. Y algo más: el niño traga menos aire al succionar el pecho que en biberón.

Algunos beneficios para tu bebé

Son muchísimas las ventajas de la lactancia en la salud física, mental y emocional de tu hijo. Aquí mencionamos las más importantes:

  • La leche materna tiene la composición ideal de nutrientes, aportando la cantidad ideal de agua, azúcares, grasa y proteínas que necesita para un crecimiento y desarrollo óptimos. Él o ella no necesita tomar agua, jugos o tés si está lactando.
  • Ayuda a evitar el estreñimiento.
  • Mejora la función neurológica; los niños amamantados muestran un IQ más alto.
  • Favorece el desarrollo cerebral y del sistema nervioso, mejorando la capacidad intelectual y la agudeza visual.
  • Protege a tu bebé de posibles alergias.
  • Previene enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y cáncer.
  • La succión contribuye a un mejor desarrollo de la estructura bucal, ayudando al crecimiento de dientes sanos.
  • Los lactantes prematuros se desarrollan mejor cuando son amamantados que cuando se les alimenta con leche artificial.
  • Promueve y refuerza el vínculo afectivo madre-hijo. El contacto piel con piel ayuda a que tu hijo se sienta seguro, confiado y amado.

Amamantar te hace muy bien

  • Tu cuerpo consume hasta 500 calorías más al día, haciendo más fácil bajar los kilos ganados en el embarazo.
  • Estimula al útero para que vuelva a su tamaño original.
  • Reduce las posibilidades de una hemorragia posparto.
  • Disminuye el riesgo de cáncer de mama, cáncer de ovario y artritis reumatoide.

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