¿Cómo está tu dignidad? - Mamá Por Primera Vez

¿Cómo está tu dignidad?

Por José Luis Quintero

Frecuentemente damos por un hecho que, si hacemos lo correcto y damos nuestro mejor esfuerzo, tendremos buenos resultados. Pero no siempre es así y podríamos llegar a sentirnos culpables, impotentes o que decepcionamos a los demás.

Si un día llegas a tu casa después de un día difícil en la oficina o si tu bebé contrajera cualquier enfermedad natural de su edad como la varicela o un resfriado, podrías sentirte culpable e impotente. Pero si tu hija de 4 años de edad te preguntara por qué estás triste y le contestaras que te sientes incompetente o culpable porque te fue mal en la oficina, o debido a que su hermanito menor se enfermó, tu hija seguramente entrará en una confusión. Tal vez te diría: “Mamá, ¿tú eres incompetente o quisiste que mi hermano se enfermara y por eso te sientes mal?”. Obviamente la respuesta es un rotundo “no”.

Hemos aceptado erróneamente que nos debemos sentir mal con nosotros mismos si no obtenemos el resultado esperado. Pero si hiciste tu mejor esfuerzo, aplicaste toda tu habilidad e hiciste lo correcto, ¿de qué te puedes sentir mal contigo misma? Tienes derecho a que no te guste el resultado, también puedes estar triste porque tu proyecto no resultó o tu bebé está enfermo. Sin embargo, no tienes que juzgarte a ti misma como incompetente o culpable. Simplemente no pudiste haber hecho nada mejor, sobre todo cuando intentaste por primera vez lo que te pareció la mejor solución.

Si tuvieras que pedir una evaluación justa sobre algo que estás haciendo por primera vez, lo más sabio sería recurrir a la ayuda de una persona experta que haya realizado eso muchas veces. Cuando tú te juzgas como incompetente o culpable por fallar en alcanzar un resultado específico al hacer algo por primera vez, estás poniéndote en la posición de una experta cuando no lo eres. Juzgarte a ti misma porque algo no te resultó a la primera es injusto y absurdo. Solamente una experta podría evaluar si lo haces bien o no, y aun así no tendría derecho a juzgarte como incompetente.

Al desarrollar tu dignidad podrás neutralizar todas las emociones que te hacen sentir poco valiosa o harás esas emociones menos duraderas, intensas y frecuentes. La buena noticia es que la dignidad, esa virtud que permite darte valor independientemente de tus resultados o los juicios de los demás, es completamente desarrollable.


Date permiso de fallar, no seas tan dura contigo misma. Para desarrollar tu dignidad, sé tu propia amiga y date pequeños regalos todos los días.

Dignidad al rescate

La forma más confiable de desarrollar dignidad es darse regalos a uno misma. Imaginemos que tienes una amiga muy importante para ti, pero que desde hace tiempo no se lo has demostrado. Has fallado en felicitarla en fechas importantes, no asististe a sus eventos y, en vez de apoyarla, la juzgaste en sus momentos difíciles. De pronto te das cuenta de que has ignorado a tu amiga, decides buscarla y cuando le comentas lo importante que es para ti, ella por supuesto no te cree. Le pides perdón una vez, le pides perdón una segunda vez, pero ella no te perdona, está convencida de que no es importante para ti.

Dado que pedir perdón no está funcionando, tu única opción es comenzar a darle regalos en línea de acuerdo a sus intereses personales. Le regalas boletos para un concierto que sabes que le gusta y le envías recetas y canciones que ella puede disfrutar. Al principio esos regalos no van a ser bienvenidos por tu amiga porque vienen de alguien que ha perdido importancia en su vida. Sin embargo, después de suficientes regalos, tu amiga un buen día se convence de que sí es valiosa para ti y vuelven a estar cercanas. Misión cumplida. Piensa ahora que esa amiga tuya no es otra persona, sino que eres tú misma a quien has dejado de dar importancia; te has juzgado y te has descalificado constantemente.

Pedir y concederte a ti misma el perdón va a ser muy difícil, ya que tú eres la víctima y también la victimaria. Además, es posible que consideres esa disculpa poco autentica. La única opción que te queda es comenzar a darte regalos, gratificaciones y detalles según tus intereses. Estos regalos al principio pueden ser poco valiosos porque vienen de una persona que durante algún tiempo no te ha dado la importancia necesaria: tú misma. Al perseverar en complacerte cada día, van a ser gradualmente más valiosos y los vas a disfrutar y agradecer más.

Llegará un día en que darte obsequios va a ser algo habitual y vas a requerir muy pocos regalos para sentirte digna, admirada y valiosa. Mientras más regalos recibes de ti misma, más agradecida estarás; mientras más agradecida estés, más te vas a admirar a ti misma; mientras más te admires, más digna te vas a sentir. Así sea prepararte tu café como regalo, trabajar en un proyecto que te gusta, masajear tus pies al regresar a casa, decirte cosas lindas al verte al espejo o brindarte todo lo que haces por tus hijos como un inmenso regalo, podrás eliminar sentimientos de culpa o incompetencia en todos aspectos de tu vida.

Es imposible sentirse digna y juzgarse al mismo tiempo. Recibir regalos de ti misma, una persona que admiras mucho, te hará sentir competente, valiosa y única.


 

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