Cree en ti y confía en tus instintos y virtudes

Cree en ti: confía en tus instintos y virtudes

Agradece a la vida que te ha dado la gran oportunidad de prestarte a un ser humano para que lo críes, es una gran responsabilidad, pero ten la certeza que tú eres la única persona en el mundo que puede hacerlo. Cree en ti y confía en tus instintos.

Con mucha emoción, y sin saber cómo o qué va a suceder, sabes que estás entrando a una de las experiencias de más profunda transformación personal que vayas a vivir en toda tu vida.

Tú primer bebé, por más pequeño que parezca y por más preparada que estés para cuidarlo y verlo crecer, también va a ser tu gran maestro. Tu primer bebé –y para ser realistas, todos tus bebés serán en su propio estilo, tu primer bebé…– te va a dar una gran cantidad de felicidad y también te llevará a tus límites. Todos los días te dará grandes regalos de alegría, pero también te exigirá un desarrollo acelerado de todas tus virtudes. Tu paciencia, tu humildad, tu dignidad y muchas otras, serán virtudes que tendrán que crecer para que tu experiencia de ser mamá por primera vez sea lo más gratificante posible.

Requerirás de dignidad para no sentirte culpable cuando llegue a la edad en la que tu bebé deba dormir toda la noche y tú lo dejes llorando hasta que se duerma. Tu paciencia llegará a su límite cuando estés al final de tu último trimestre de embarazo y no encuentres posición para dormir o sentarte para descansar. La perseverancia que piensas que tienes será puesta a prueba cuando después de dormir unas pocas horas, te levantes nuevamente en la madrugada a darle de comer.

Las emociones que has sentido durante tu vida, van a presentarse de nuevo con máxima intensidad ahora que sabes que vas a ser mamá por primera vez. Esas emociones se las vas a contagiar a tu bebé y las va a sentir igual que tú. Si estás alegre contagiarás a tu bebé tu alegría. Pero si estás desesperada, tú bebé lo va a sentir y tal vez llore por esa misma desesperación. Si algo sucede que no sabes descifrar y te sientes confundida, tu bebé sentirá también la confusión y tal vez esté menos alegre y ponga menos atención de lo normal. Esta situación puede llegar al punto de quiebre entre mamá y bebé, en la que ninguno de los dos sepa ya qué hacer para recobrar la paz, la alegría y el entusiasmo.

Este momento de máximo estrés es también el momento de dejar de obedecer tus emociones. Sí, suena extraño pero es cierto. Si al momento de perder la paciencia reaccionas y actúas debido a que perdiste la paciencia, lejos de reducir tu desesperación, ésta va a crecer. Cada vez que actuamos obedeciendo una emoción, esa emoción crece. En ese momento de máxima desesperación es importante reconocer que estás desesperada pero no actuar debido a que estás desesperada. Si logras controlar tu impulso y reconoces que estás desesperada pero actúas por razones de paciencia y tolerancia, estarás entonces en posición de aceptar que tu bebé va a nacer cuando deba nacer, se va a dormir cuando tenga sueño y aprenderá a comer cuando sea su momento. Todo eso va a suceder en el momento que tenga que suceder aunque tú quieras que sea más pronto. El hecho de que tú lo trates de acelerar puede que no lo logre y a la vez te robe la capacidad de disfrutar el momento. Desarrollar la virtud de la paciencia será tu única opción para recobrar la paz y el entusiasmo.

Este ejemplo de paciencia se puede aplicar a cualquier otra emoción porque para cada emoción existe una virtud que la neutraliza. Si te sientes derrotada, la perseverancia puede que sea tu mejor aliada. Si de repente te encuentras perdida, analizar todas tus opciones y escoger la mejor de todas (guía) será una buena idea. Si de repente te sientes invadida por tantas visitas de parientes y amistades, desarrollar tu capacidad de acompañar y estar acompañada podría caerte bien.

Es entendible que si tu emoción te ha rebasado, tal vez te cueste mucho trabajo identificar esa emoción. Simplemente estás molesta o frustrada por alguna situación, y no tienes tiempo y ni humor de tratar de saber cómo te sientes. Nada más te sientes mal y punto. Para esa situación existe un truco que funciona sorpresivamente bien. Agradecer es la primera parte de ese truco. Si en ese momento de frustración o desesperación te detienes un momento y agradeces el tener un bebé, una familia, salud o cualquier otra bendición (por más pequeña que sea), verás cómo la emoción negativa se debilita inmediatamente. Es imposible estar genuinamente agradecida y al mismo tiempo sentir emociones negativas.

Por supuesto que tendrás que desarrollar muchas habilidades de mamá, pero sólo si desarrollas también tus virtudes podrás entonces aplicar tus habilidades. Aprenderás a bañar a tu bebé pero necesitarás la disciplina de hacerlo a tiempo antes de que le empiece a dar sueño. Sabrás la mejor forma de alimentar a tu bebé pero necesitarás la paciencia para aceptar que no todos los días tu bebé querrá comer a la hora que debe. Tu bebé, esa inmensa bendición de la vida, también será un gran maestro de humildad, paciencia, perseverancia, guía, sabiduría, lealtad, protección y de muchas otras virtudes que te convertirán en la mejor versión de mamá por primera vez que puedas ser.

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