Mamá por primera vez ¡de hermanos! – Mamá por primera vez

Mamá por primera vez ¡de hermanos!

No dejes que la culpa se robe el placer de tu maternidad y la capacidad de escuchar dos melodías distintas: tus hijos.

Con el desarrollo de tu embarazo se fue escribiendo una melodía única y novedosa, y te preparaste para la relación de amor más poderosa del mundo: el vínculo entre una madre y su hijo. Esta canción tan esperada llenó tu corazón de colores que hasta el momento eran inexistentes para ti. Te diste cuenta de que, en adelante, tu vida tendría un significado totalmente distinto al de nueve meses atrás cuando, con sorpresa y con miedo, te enteraste de que estabas embarazada.

No sólo tu cuerpo fue cambiando, sino también tu mente, ya que fue necesario que, a paso lento y seguro, pudieras verte de la mano de otro ser, de un ser necesitado de tus cuidados y de tu amor. El día llegó. Se vieron por primera vez a los ojos y supiste que, aunque en algún momento se hiciera adulto, nunca soltarías su mano, siempre estarías ahí.

La luz siempre viene acompañada de oscuridad y empezaste a sentir mucho miedo: de perderlo, de no hacerlo bien y de fallarle; momentos de mucha angustia que te sobrepasaban, momentos en los que pensabas que no tendrías éxito y que quizá había sido una equivocación convertirte en mamá. Estos pensamientos y emociones pueden ser totalmente normales, pues estás experimentando algo nuevo y nadie puede prepararte para este trabajo que dura toda la vida.

Una de las razones para llenarte de pensamientos oscuros es un monstruo con el que solemos convivir de manera cotidiana. Si no te detienes a escucharlo y entenderlo, puede apoderarse de ti y robarte los mejores momentos de tu maternidad. A este monstruo de muchas cabezas lo conocemos como culpa.

Las expectativas pesan toneladas

Complicaré un poco la ecuación: hasta el momento hablamos de una melodía, de una historia de amor entre una madre y su hijo, pero ¿qué pasa cuando hay dos melodías y dos historias, es decir, una madre con un hijo pequeño y otro recién nacido? Es justo entre estas dos canciones tan distintas donde la culpa puede tornarse sumamente abrumadora.

Escuchar una melodía como madre no es tarea fácil. Hay que estar atenta a todas las notas, a los silencios y a las pausas. Dos melodías combinadas con el sentimiento de culpa pueden tornarse en una especie de ruido que no deja ni respirar.

Sentirse culpable casi siempre es provocado por expectativas, o sea, lo que una mamá imagina que sería la madre perfecta. Pero ¿acaso existe? La respuesta es no. Entonces, ¿por qué existen las expectativas? Se debe a que hay muchos mitos alrededor de la maternidad. Suele pensarse que la madre tiene que estar siempre disponible para sus hijos, darles lo que necesitan y no frustrarlos demasiado. Para cumplir con estos requisitos míticos, se necesitaría un robot y no una mujer de carne y hueso. ¡Y los bebés necesitan a un humano imperfecto que los quiera con sus imperfecciones!

El mecanismo de la culpa

La culpa es vivida a partir de la convicción de haber causado un daño o lastimado de alguna manera a otra persona, lo cual viene acompañado de angustia y una búsqueda de castigo hacia sí mismo, de tal manera que pueda disminuir tanto la culpa como la angustia que viene con ella.

Se experimenta desde dos lugares simultáneos: por un lado, se siente que te acompaña como una sombra; por el otro, genera ideas irracionales que, si las analizamos a detalle, poco tienen que ver con la realidad. La culpa es una especie de mentira que la mente te cuenta. Si no la enfrentas con la verdad, puede ser una cadena muy pesada que te impide disfrutarte como madre y disfrutar a tus hijos.

Atrapada y sin salida

De pronto te encuentras con un bebé de brazos y un recién nacido. Te estás bañando en los pocos minutos que tienes disponibles durante el día y comienzas a llorar. Sientes que no puedes respirar de tanta ansiedad y empiezas a pensar que con la llegada del nuevo bebé has descuidado a tu primera melodía, a tu primera canción. Sientes que no le estás dando lo necesario y que, seguramente cuando crezca un poco más, comenzará a reclamarte y culparte. En esos momentos quisieras salir corriendo, escapar y huir de lo que estás experimentando. Eso es justamente la culpa.

Sientes que has fallado por no ser la súper mamá disponible cada minuto del día para los dos bebés. Éste es el componente irracional de la culpa, ya que, si te tomas un tiempo para analizarlo, te darás cuenta de que, al ser dos melodías distintas, cada una lleva su ritmo y por lo tanto necesitan cosas diferentes en espacios distintos. En pocas palabras, no necesitan todo el tiempo de ti: necesitan recibirte desde un lugar de amor y seguridad.

Posteriormente vendrá la parte del castigo, si estás convencida de haberlos dañado por quitarle a uno parte de tu tiempo cuidando al otro. Cuando salgas de casa o tengas un tiempo libre, no podrás disfrutarlo porque te sientes una mala madre sin derecho a sentirse bien; te sientes realmente atrapada y sin salida.

Termómetro culpígena

Hagamos un test: a continuación encontrarás algunos síntomas que las madres con mucha culpa experimentan. Contéstalo con honestidad y cuenta aquellas oraciones en las que te sientes identificada:

  1. Suelo pensar que con el nuevo bebé he abandonado al otro.
  2. No disfruto alimentarlos y creo que no divido bien el tiempo entre los dos.
  3. Me cuesta trabajo dormir recordando las cosas malas que creo haber hecho con mis hijos.
  4. Cuando me alejo de ellos para salir a divertirme, tengo que volver a casa porque me siento una mala madre.
  5. Me doy cuenta de que, desde que nació el nuevo bebé, soy más dura conmigo misma y me exijo más.

¿Contaste por lo menos tres de estas opciones? Seguramente estás sintiendo mucha culpa y ansiedad, y estás dejando de disfrutar tu maternidad. ¿Qué hacer? Escribe lo que piensas y sientes para que confrontes las mentiras de la mente con la realidad.

Si te das cuenta de que estos sentimientos afectan tu vida cada vez más, no dudes en consultar a un psicólogo o terapeuta para que te ayude a deshacerte del monstruo de la culpa.

Recuerda que no hay madre perfecta, solamente hay madres que aprenden a escuchar, sabiendo que parte del trabajo es tener miedo e incertidumbre. No te dejes atrapar y permítete equivocarte. Disfruta la melodía de ser una madre imperfecta, una madre humana.

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