Previniendo la rivalidad entre hermanos

Previniendo la rivalidad entre hermanos

No hay duda de que como mamás, todas queremos lo mejor para nuestros hijos. Para quienes tenemos más de uno, la prioridad es que crezcan unidos, que se apoyen, que se ayuden y que se amen. Y sin embargo, muchas veces nos preguntamos ¿cómo evitar la rivalidad entre hermanos?

Seguro que nada de lo que te han dicho, ni todo lo que has leído te prepara completamente para ser la madre o el padre que llegarás a ser. Para llegar a ser mejor mamá o papá sólo hay un camino: la práctica. El aprendizaje inicia en el momento mismo en el que te entregan a tu bebé y continúa todos los días, el resto de tu vida.

La vida con más de un hijo es casi una garantía de que nunca tendrás aburrimiento ni mucho tiempo para descansar. Pero al lado de tus hijos serás testigo de los momentos de amor y conexión más auténticos. Estas serán hermosas lecciones que te dejarán sin aire.

Cada niño es diferente y debe ser visto cómo único, no sólo frente a sus hermanos, también frente a cualquier otra persona.

Pero igual que vivirás momentos de profundo amor, enfrentarás también momentos en los que la competencia y los pleitos del día a día te harán sentir desgastada, quitándote la energía que quisieras tener para jugar y relacionarte con ellos.

Como mamás irás aprendiendo a tener claro el panorama y a adoptar estrategias que te ayudarán a evitar la rivalidad. Aquí te compartimos algunas que te serán útiles.

 

 Reconócelo como ese ser único e irrepetible.

Cada niño es diferente y debe ser visto cómo único, no sólo frente a sus hermanos, también frente a cualquier otra persona.

Reconoce en cada uno de tus hijos sus fortalezas, sus necesidades, su temperamento, su comportamiento y dale a cada uno su valor, sin jamás compararlos o ponerlos en competencia, sino fortaleciendo su estructura de conexión.

Si queremos que nuestros hijos sepan resolver conflictos, debemos enseñarles cómo hacerlo.

Algo que puedes hacer diario para fortalecer esta estructura es fomentar la relación positiva entre tus hijos. Para ello, establezcan algún ritual de conexión, como darse un beso de buenas noches, un abrazo de despedida al irse a la escuela o saludarse de una manera particular que ellos inventen. Estas pequeñas conexiones diarias irán fortaleciendo los lazos de por vida.

Es importante recordar que la vida -aunque queramos- no es de color de rosa, viene con sus altas y sus bajas, y en el día a día habrá problemas entre hermanos. Hay que empezar por reconocer que no es malo, ni significa que lo hayas hecho mal. Los conflictos son parte de la vida diaria y -de hecho- los problemas y la resolución de los mismos entre hermanos son un aprendizaje muy valioso que los acompañará el resto de su vida.

Si queremos que nuestros hijos sepan resolver conflictos, debemos enseñarles cómo hacerlo.

Cuando unos hermanos pelean, no sólo hay que ofrecer disculpas, tú puedes ver esa agresión como una oportunidad de enseñar habilidades, reparando el daño.

Por ejemplo, si han lastimado –ya sea física o emocionalmente- ayúdalos primero a reconocer la cara del otro, a identificar el dolor o descontento en el otro: ‘Ve su cara, su cara dice me duele’.

Después, si lastimaron físicamente, es importante que participen de la curación del otro. ¿Cómo? Poniendo un curita, limpiando un arañazo, sobando la herida etc.

Finalmente guíalos a reconocer su falta y a recapacitar ¿qué van a hacer diferente la próxima vez que se vean en las mismas circunstancias? Pídeles que lo expresen así a la persona que lastimaron: ‘Olvidé usar mis palabras y te pegué, la próxima vez voy a decirte qué me molestó’. ‘Estaba molesto y por eso te insulté, la próxima vez voy a respirar para tranquilizarme y voy a usar mis palabras’.

Recuerda, todos los niños se enojan con sus hermanos; es parte de la vida. Con la edad –y con tu ayuda- irán aprendiendo a resolver conflictos de maneras positivas.

Cuando hablamos de lo especial de cada uno de nuestros hijos encontramos muchas características que los pueden llevar a etiquetarlos y este es un error, sobre todo si es con alguna connotación negativa.

Las etiquetas de las que dotemos a nuestros hijos se convierten poco a poco en una manera de reforzar ciertos comportamientos. La manera en que el niño es visto por sus padres es la manera en que él se verá a sí mismo, y esto dictará su comportamiento.

 

Los niños no se ‘portan’, se comunican.

Otro factor importante que debemos reconocer es el comportamiento de un hijo como su forma de comunicación. Un niño no te va a decir: ‘Me siento frustrado porque llevo horas en el centro comercial, acalorado y hambriento’. Un niño que viva eso llorará, se quejará y se inquietará y está en nosotros el leer lo que quiere decir a través de ese comportamiento.

Un niño que le pega constantemente a su hermano no te va a decir: ‘Siento celos de mi hermano, siento que he sido reemplazado’. No lo hará porque él mismo no puede identificar lo que siente y -una vez más- está en nosotros ver más allá de un rasguño o una agresión.

Es muy común que un niño sienta celos –ya sea por la llegada de un nuevo hermanito, o por el protagonismo de un hermano que toma un papel más importante en la interacción familiar- y no es de sorprender que, incluso adopte comportamientos negativos o, incluso, le pegue. Es por eso que está en el adulto el ver lo que el niño dice a través de ese comportamiento agresivo.

Igual que debes atender ese comportamiento –o forma de comunicación de cada uno de tus hijos- debes enfocarte en sus aspectos positivos y no olvidarte de darle atención individual.

Cuando tus hijos tengan éxitos individuales enséñales a alegrarse por el otro y siempre ten tus ojos bien abiertos para ver el éxito en cada uno de ellos, de manera individual. Además, es importante enseñarles –también- a reconocer sus propias fortalezas y sus propios éxitos. Los niños necesitan sentir que son vistos, si no se sienten vistos demandarán ser vistos aunque sea de maneras negativas.

Todos los días date un momento para notar a cada uno de ellos de manera especial e individual. Esto les permitirá estar en relación positiva contigo y los motivará a querer cooperar y a estar dispuestos a lo que se presente. El tiempo de total presencia y conexión con ellos transformará esa comunicación de cada uno de tus hijos por un comportamiento más empático. Hoy en día, hemos comprobado que 5 minutos en total presencia con los niños, disminuye luchas de poder hasta en un 50 por ciento. Recuerda, así como procuras fomentar las actividades familiares, debes respetar las actividades -con cada uno- de manera individual.

La conexión con cada uno de tus hijos te permitirá reconocer cuáles son los puntos en los que debes trabajar con cada uno de ellos, por ejemplo, qué detona el enojo de uno, la frustración de otro, la desesperación de uno más. Esta será una gran herramienta para poder anticipar situaciones difíciles, evitar que detonen pleitos y discusiones y fortalecer los vínculos de toda la familia.

 

Sé el ejemplo que quieres para tus hijos.

Somos los padres quienes día a día, momento a momento modelamos el comportamiento a los niños. El manejo de enojo y frustración que tengamos será un ejemplo para los niños. Y muchas veces al corregirlos acabamos modelando el comportamiento que NO QUEREMOS ENSEÑAR.

Tratemos a nuestros hijos, a nuestra familia –y a nosotros mismos- respetuosamente y con compasión.

Si en un día difícil perdemos la calma, gritamos y nos alteramos, sólo les enseñamos a repetir ese patrón.

Recuerda que junto con tu amor, lo más valioso que le das a tus hijos es el ejemplo. Que éste ejemplo sea uno de amor, de compasión, que les enseñe a respetar, a tomar responsabilidad, a resolver problemas y a seguir adelante.

Mayores informes:

Lety Valero
Educando en Conciencia
Asesoría personalizada, grupos de padres y maestros
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Categorias: Hermanos,TU NUEVA VIDA

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