Tu hijo necesita límites – Mamá por primera vez

Tu hijo necesita límites

Está de moda no castigar a un niño para proteger su autoestima, pero no hacerlo equivale a no educarlo. Es necesario ponerle límites de forma efectiva y amorosa.

Sin límites, a un pequeño le será mucho más difícil distinguir lo bueno, lo malo, lo correcto, lo incorrecto y lo peligroso. La obligación de los padres es ayudarle al niño a discernir antes de que haya algo que lamentar. De lo contrario, en muchas ocasiones el pequeño que crece sin límites puede convertirse en una carga insoportable para cualquiera que lo cuide.

¿Hay manera de que enseñarle límites y ponerle un castigo sea más eficaz, sin dañar sus sentimientos, pero evitando que se comporte como un dictador que controle a los adultos? La respuesta es sí. Para lograrlo, primero es necesario saber lo siguiente en torno a la forma de pensar de los niños:

  • A partir de los 10 meses se fijan mucho en el comportamiento de los adultos, sobre todo en las reacciones de sus padres. Eso sí, cada uno es diferente y hay algunos mucho más sensibles que otros.
  • Tienen pensamiento mágico: creen que lo que piensan puede hacerse realidad, lo cual va desapareciendo normalmente como a los 12 o 13 años, aunque siempre se conserva un poco.
  • Cuando un adulto significativo se enoja con el niño, éste piensa que ya no lo va a querer, pues confunde el enojo con falta de amor.
  • Las amenazas no cumplidas influyen en que ya no les crean a sus padres o a quienes los cuidan. Lo mismo pasa con aquello que le prohíbes a tu hijo, pero luego tú misma haces.

Manual práctico para los castigos

Existen muchas reglas eficaces, pero aquí abordaremos sólo las principales. Siempre que tengas que castigar o reprender a tu hijo, dile con firmeza (aunque sin gritos ni desprecio): “Yo te quiero mucho y siempre lo haré, pero esto que hiciste no me gusta y estoy enojada. Por ahora no quiero hablar contigo”.

Hay que tomar en cuenta la edad para cualquier castigo. Si tu hijo tiene menos de 4 o 5 años y le pones un castigo que dure demasiado, el resultado será contraproducente. Después de dos o tres castigos así, ya no entenderá el sentido y no le importará. Recuerda que en los niños más pequeños la percepción del tiempo es mucho mayor; lo que para ti son 15 minutos, para un niño de 1 a 5 años es como si fuese una hora.

Intenta que el castigo o regaño corresponda lo más que se pueda a lo que hizo, es decir, que note la consecuencia natural de sus actos. Si pintó la pared, explícale que hay papel para pintar. Haz que limpie lo mejor que pueda y retírale las pinturas por un tiempo; una vez que se las regreses, dile que ahora sí crees que ya sabe en dónde pintar y en dónde no.

Al marcarle un castigo para que logre un aprendizaje, jamás lo humilles y nunca lastimes su autoestima, ya que esto sólo genera mucho resentimiento y puede crecer con inseguridad.

Cuando el niño haga algo peligroso que lo ponga en riesgo a él o a otros, es muy importante transmitirle que no le vas a permitir hacerse daño, por ejemplo, si mete la manita en un contacto de luz, juega con fuego, insiste en aventarse a la alberca sin saber nadar o si avienta un cuchillo. En casos donde urja que el niño comprenda lo que no debe hacer, es conveniente un grito que llame su atención o incluso tomarlo fuerte de las manos o los brazos para ponerlo en alerta, pero sin lastimarlo. La idea es comunicarle claramente y de forma enérgica que no vas a tolerar ese comportamiento inadecuado por su propio bien y el de los demás. Así de simple.

En relación al pensamiento mágico, es común que un niño enojado piense “Ojalá la apachurre un tren” (por dar un ejemplo) en cuanto te sales de casa después de regañarlo o castigarlo, y luego sentir mucha angustia y culpa si tardas en volver. Trata de no dejarlo mucho tiempo solo después del problema. Recuerda que los tiempos para los niños son mucho más largos que para los adultos.

Algo importante: nunca se castiguen ustedes como padres al castigar a su hijo. Por ejemplo, castigarlo con ya no ir juntos a algún lugar en donde tú también querías estar. Puedes dejarlo a cargo de alguien de confianza que lo cuide mientras tú acudes al lugar conforme a lo planeado.

Otras estrategias muy efectivas

Si quieres extinguir alguna conducta recurrente como berrinches o tienes un niño gritón, lo más probable es que le grites que ya se calle. Sin embargo, el problema es que, cuando ese mismo niño está hablando con calma o pidiendo las cosas de manera educada, nadie dice nada porque no está molestando, ¿no es así?

Emplea la psicología a la inversa: cuando hable tranquilamente o se porte bien, refuerza su conducta positiva. Si hace berrinche o grita por todo, de inmediato expresa: “Yo así no te entiendo nada y no me gusta. Te quiero mucho, pero así no te voy a hacer caso”. Después cúmplelo, así llore un rato. Cuando esté bien, también hazle caso de inmediato: “Qué hermoso es hablar contigo así y que pidas las cosas así de bonito. Me siento muy orgullosa de ti”. Hazle ver la diferencia.

Algo que sirve mucho es presumirle su buena conducta a alguien que al niño le importe mucho, haciendo una llamada telefónica o en persona muy cerca del pequeño: “¿Qué crees? Creo que Fer ya está aprendiendo a pedir las cosas sin gritar ni enojarse, o a no hacer berrinche por todo. Estoy feliz”. Después esa persona debe felicitar al niño o niña. En pocas palabras, cuando se porte bien ponle toda tu atención a fin de reforzar la conducta positiva y no sólo atiendas lo negativo. Muchos niños necesitan tanto la atención de sus padres que prefieren obtener al menos la negativa, la única que suelen lograr de ellos.

Por otro lado, prémialo con afecto, nunca con regalos. Por supuesto que no es inadecuado darle obsequios a veces, pero no es conveniente ofrecerlos por cualquier cosa; si no, al rato tu hijo pensará que merece un regalo hasta por comer, siendo que se trata de su propia responsabilidad para cuidar su salud y bienestar.

Respecto al doble mensaje, es algo que todos los padres hacemos a veces. Es común que uno dé una orden y el otro la contradiga, aunque sea con una expresión facial. Si tu pareja le dice al niño “Es hora de ir a dormir” y a ti no te parece, simplemente dile “¿Qué no escuchaste a tu papá? A dormir, mi amor”. Ya después pueden discutir y llegar a un acuerdo o punto medio. En lo posible algo que repercutirá positivamente en su desarrollo emocional. mantengan un frente unido que le brinde mayor seguridad al niño.

Si una conducta no deseable persiste más de dos o tres meses, es mejor consultar a un psicoterapeuta que sepa de niños. ¿Algo te parece raro? Es importante que primero lo revise un pediatra con bases fisiológicas.

Califica la conducta, no al niño

Esto es lo más importante y difícil al llamarle la atención: nunca le digas que es tonto o malo, o cualquier otro calificativo que pueda dolerle. Un niño interpreta esto como “Mi mamá ya no me va a querer nunca más”. Si se te sale decirle “tarado” o algo que lo lastime, pídele después perdón. Con ello no perderás autoridad sino, al contrario, te verá como una persona congruente, confiable y cercana.

Categorias: Revista,TU NUEVA VIDA

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